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Todos tienen muchas ganas de trabajar, y se nota cada día
a las nueve cuando empiezan las lecciones con una sonrisa
y un “¡Hola!” Alguien que le gusta más salir de marcha y disfrutar
de las noches madrileñas necesita un café y esconde las ojeras
con maquillaje, pero una vez que el profesor entra en el aula,
situada al final de pasillo, los alumnos, con un ‘boli’ en
la mano, están listos para empezar una nueva mañana llena
de temas nuevos y casos prácticos.
El descanso ha vuelto a ser un rito para reunirse con los
profesores, tomar un café y discutir de los temas más interesantes
y actuales. A las dos, cuando termina la mañana, hay quien
se queda en la escuela para profundizar en el trabajo en equipo
y quien se tiene que saltar la comida para ir directamente
al trabajo.
Una aventura, una experiencia de vida, un camino hasta el
éxito que nos acompañará hasta julio de 2007. |
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